Candidato 2.0: de la propaganda a la comunicación

  • 26 septiembre, 2014
congreso santiago recortada

A principios de septiembre la cuenta oficial del presidente del Gobierno,  Mariano Rajoy, en Twitter registraba en tan sólo 24 horas un incremento de 60.000 seguidores. Aunque el propio Rajoy daba las gracias por esta notable cifra, pronto tuvo que confirmar –lo hizo desde el propio perfil de Twitter– que este incremento no había sido tal en realidad, y anunció que se había puesto en contacto con Twitter España para esclarecer este asunto. ¿Compra de seguidores? ¿Obsesión por las estadísticas?

Un episodio similar se repetía pocos días después, pero esta vez en las filas del PSOE. El secretario general socialista, Pedro Sánchez, informaba el 14 de septiembre, a través de su perfil de Twitter que había notado un gran «incremento falso de seguidores» en las últimas horas. Su cuenta llegó a alcanzar los 73.000 usuarios, muy por encima de los 50.000 con los que contaba días atrás.

Ambas noticias, de la que se hicieron eco los medios de comunicación tradicionales, tuvieron sin embargo su máximo apogeo en las redes sociales, escenario en las que se originaron.

Estos hechos no son ajenos a los que nos dedicamos a los Social Media: la compra de followers, fans… es una práctica, desgraciadamente, habitual y errónea, de las marcas que buscan aumentar su prestigio, engagement… Dicho lo cual, sin ser expertos en comunicación política, podemos entender que, si bien no es posible establecer una relación directa entre el número de seguidores y de votos, la obsesión por la acumulación de followers, fans, suscriptores… intenta apoderarse de las redes sociales.

Un ejemplo de cómo las redes sociales se han convertido en unos de canales principales de comunicación lo hemos vivido hace escasos días. La dimisión del ministro Alberto R.Gallardón fue anticipada en Twitter, horas antes de que se hiciese pública la noticia. Las especulaciones llegaron a la red social y el hashtag #gallardon se convirtió en tendencia.

Los medios sociales han transformado la forma de comunicarnos, sí, pero sobre todo han desbancado como fuente información principal a los medios convencionales. Ahora es Twitter y otras redes las que nos ofrecen las exclusivas, la última hora de un acontecimiento. En este contexto, a nuestros  políticos no les queda otro remedio que enfrentarse a estos nuevos canales que, en muchas ocasiones, son todo un mundo por descubrir.

Hace unos años, Obama fue bautizado como el primer presidente 2.0. al convertirse en paradigma de la interacción ciudadana y financiándose de una nueva manera. Aquella estrategia de marketing y comunicación digital se convirtió en espejo para las campañas digitales publicitarias en general.

En 2010, la agencia Intelligence Compass elaboró el Informe sobre política y Redes Sociales que tenía por objeto comprobar si el éxito del modelo de marketing político de Obama en Internet se podría reproducir en España en las elecciones municipales de mayo de 2011. Siete de cada diez (69%) encuestados lo consideraba poco probable, fundamentalmente por el escaso interés que la política suscitaba entre los ciudadanos españoles.

Sin embargo, a pesar del bajo uso político de Twitter por parte la ciudadanía, las elecciones de 2011 supusieron un punto de inflexión en la utilización de esta red social por parte de los principales candidatos de entonces, Mariano Rajoy (PP) y Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE).

Cuatro años después, y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, aún muchos políticos españoles no entienden estas plataformas digitales como un espacio de conversación y diálogo con la ciudadanía, sino más bien como un canal adicional a través del cual difundir sus mensajes y consignas electorales. Muchos políticos creen que con tan sólo abrir una fan page en Facebook o un perfil de Twitter ya son Políticos 2.0. Otros  creen que con fotos, los recurrentes “selfies”, videos… son Políticos 2.0.

Y aún peor, hay políticos que todavía no entienden que las redes no sirven para ganar elecciones. Tampoco para ver cuántos TT se es capaz de conseguir. Sirven para conversar, para compartir, para hacer más transparente la política.

Pero hay algo positivo en todo esto, y es que poco a poco, comienzan a irrumpir con fuerza protagonistas con habilidades transversales más allá de la mera política. Manejan los tiempos, la palabra, la imagen, los medios, interaccionan en nuevos canales de comunicación. Apuestan por su marca personal, por estrategias de comunicación 2.0.  Buenos ejemplos son Pedro Sánchez (PSOE), Alberto Garzón (IU) y Pablo Iglesias (Podemos) frente a “no nativos” como Mariano Rajoy, que llegó a Twitter en julio de 2011, o Eduardo Madina que apareció dos meses después, mientras que, Pedro Sánchez ya llevaba dos años allí, Pablo Iglesias un año, y Alberto Garzón tres años y medio.

Pablo Iglesias es digno caso de estudio por su capacidad para entender el poder amplificador de las redes sociales. No en vano, en las pasadas elecciones europeas, la formación que dirige con un presupuesto de campaña cercano a los 100.000€ consiguió ser la cuarta fuerza más votada. Como se ha dicho en varios medios, “los hashtags se están convirtiendo en votos”. Sus contrincantes, como por ejemplo Arias Cañete, representan el lado opuesto de la moneda. Cañete creó en abril de 2014 su cuenta en Twitter para su campaña política, y tras las elecciones del 25 de mayo, quedó inactivo. La comunicación directa y apertura de nuevos canales de comunicación es una necesidad latente que algunos políticos están comenzando a cambiar. La sociedad demanda cambios. Buscan candidatos 2.0.

Precisamente, Candidato 2.0: de la propaganda a la comunicación es el título de la ponencia que impartirá  hoy nuestra DirCom, Sonia Chacón, en Santiago de Compostela dentro del III Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategias de Campaña, organizado por ALICE, Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. Un tema que da para un largo debate y que seguro que genera distintas opiniones.

 

 

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